Probiótico

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Eva

Hola Javier. Me gustaría saber que hay de cierto en el efecto probiótico del yogur, puesto que, por lo que tengo entendido, no se permite usar la declaración de probiótico en los yogures. ¿Tienen por tanto efecto probiótico? ¿Qué supone, de haberlo, este efecto beneficioso?. Muchas gracias. Saludos. (Eva)

Hola Eva,

 

Sin duda, los términos probiótico y prebiótico, y su relación con la microbiota intestinal, son conceptos en alza. El potencial efecto que éstos pueden ejercer sobre “la flora intestinal”, y los efectos colaterales que se derivan de ello, como la modificación de la permeabilidad intestinal, o el estado del sistema inmunitario, han sido foco de atención en muchos estudios durante los últimos años. Sin embargo, apenas se ha rascado la superficie, quedando todavía muchas incógnitas por resolver sobre este tema.

 

El término probiótico comenzó a fraguarse a principios de siglo XX, de la mano de Iliá Méchnikov, que también sería Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1908. Este microbiólogo ruso fue el primero en observar el efecto positivo que desempeñaban algunas bacterias intestinales sobre nuestra salud, y la posibilidad de modificar esta microbiota a partir de la alimentación, para sustituir las bacterias nocivas por otras más útiles. A pesar de ello, la palabra “probiótico” no se acuñó hasta 1960. En la actualidad, una de las definiciones más aceptadas, y que nos permiten “identificar” a los probióticos, sería la de Guarner y Schaafsma de 1998: "microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades apropiadas, confieren al huésped efectos saludables". Definición de la que se desprende el uso de la palabra probiótico para todos aquellos productos alimenticios que contengan bacterias vivas, y en las cantidades necesarias para obtener un efecto positivo.

 

El yogur, por su parte, es un producto fermentado elaborado a partir de leche, y que según la legislación vigente debe contener una concentración mínima de 10^7 unidades formadoras de colonias por gramo o mililitro de bacterias viables (vivas). Las bacterias utilizadas para su producción son tanto Lactobacillus bulgaricus como Streptococcus thermophilus, y de las cuales, al menos el género Lactobacillus, es uno de los más estudiados por sus posibles efectos probióticos, al igual que el Bifidobacterium. Por tanto, a simple vista, y aunando ambas definiciones, en términos generales el yogur parece que podría considerarse como un probiótico. Sin embargo, las cepas concretas para obtener un efecto positivo, la cantidad necesaria, o el efecto sinérgico entre cepas, sigue siendo un tema con muchas lagunas, y justificar su efecto positivo sobre la salud no siempre es fácil. Esta segunda parte de la definición de probiótico es la que realmente genera dudas, y la que frena las “alegaciones saludables” por la legislación.

 

En la actualidad, y debido a las modificaciones de la legislación, cualquier alegación que se haga de un alimento relacionada con la salud, debe encontrarse recogida dentro del Reglamento 432/2012 de la Comisión Europea y  el Reglamento (CE) nº 1924/2006; y el término probiótico, no lo está. Debido a que como hemos visto, dentro de la propia definición de probiótico, viene intrínseca una asociación a propiedades saludables, a día de hoy, el concepto de “probiótico” no puede promocionarse ni en etiquetados, ni en publicidad de ningún alimento.

 

La EFSA (European Food Safety Authority) es la autoridad europea encargada de revisar, modificar e incluir las consiguientes alegaciones saludables aplicables a los alimentos. En relación a los probióticos, hasta la fecha la EFSA ya ha rechazado decenas de dossieres de productos probióticos con sus respectivas alegaciones saludables; no existiendo ninguno actualmente con su aprobación para su publicidad.

 

Los principales motivos de este rechazo se fundamentan por el objetivo principal de estas leyes, que tratan de proteger al consumidor frente a la publicidad engañosa, ambigua o confusa, y a los criterios exigidos por la EFSA para recibir esa aprobación. Por parte de la EFSA, la continua denegación parece debida a diferentes causas: 1) la inespecifidad del mensaje alegado; 2) la falta de carcterización de la cepa probiótica y la cantidad necesaria; 3) la falta de ensayos en humanos sanos para el estudio de la prevención, ya que la legislación no contempla las alegaciones sobre patologías implantadas, sino en la reducción del riesgo de padecerlas; y mucho de los estudios que se presentan sobre probióticos están diseñados en el tratamiento de patologías; y 4) porque algunos de los resultados presentados no son considerados por la EFSA como un efecto positivo claro, como el incremento de la proporción de Lactobacillus y Bifidobacterium en la microbiota intestinal.

 

Ahora bien, que no puedan promocionarse como “probióticos”, no significa que no tengan ningún efecto sobre la salud. De hecho, ya en 2001, y con el objetivo de evaluar su efecto, la Unión Europea financió un potente proyecto denominado PROEUHEALTH, en el que 64 investigadores de 16 países europeos obtuvieron conclusiones muy interesantes. Entre ellas, el potencial efecto beneficioso que tenían estos probióticos sobre enfermedades inflamatorias intestinales, y algunos cuadros de diarrea y gastritis. Sin embargo, a día de hoy se sigue revisando estos y otros efectos, existiendo tanto opiniones y estudios a favor como en contra. El gran número de cepas existentes, su efecto sinérgico, la cantidad presente en el producto, y la variabilidad individual, no facilitan el trabajo.

 

En resumen, el término “probiótico” hace referencia a una gran cantidad de bacterias que, algunas de ellas, y en unas cantidades concretas, podrían tener un efecto positivo sobre la salud. Por consiguiente, el yogur sí podría considerarse a grandes rasgos como un alimento probiótico, aunque no se permite su publicidad como tal. Cada vez existe más evidencia sobre ellos, pero sigue existiendo controversia en algunos puntos. Por tanto, y a la espera de lo que nos puedan aclarar los futuros estudios, si no tienes ningún tipo de problema con su consumo, y contando con los potenciales efectos positivos y los escasos o nulos efectos adversos, yo los consideraría como una buena opción para incluir en la dieta; ahora bien, al natural, sin azúcares añadidos.

 

Un saludo.

Javier Tenas, Dietista-Nutricionista.

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