Influencia de los sustitutos del azúcar en nuestro organismo

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Belén

Hola Javier. En esta última temporada estamos empezando a ser conscientes de que el azúcar no es bueno para nuestro organismo. En el mercado están apareciendo otra serie de condimentos que lo sustituyen. ¿Nos podrías hablar sobre ellos (stevia, azúcar moreno, azúcar de caña, etc.), y sobre su influencia en nuestro organismo? Muchísimas gracias.

Hola Belén,

 

En primer lugar, hay que considerar que el azúcar, y a pesar de su mala prensa, no es un tóxico, ni puede generar ningún tipo de problema agudo o a corto plazo tras su consumo (salvo patologías concretas). Si bien es cierto que, un consumo excesivo y de forma crónica, podría acarrear distintos problemas para la salud; entre ellos, diabetes, obesidad, etc.

 

Piensa que el azúcar de nuestra dieta no solo procede de las cucharadas que añadimos al café, yogur, etc. Sino que gran parte del azúcar que consumimos, puede encontrarse “escondido” en otros alimentos o bebidas, donde hay que hacer una mención especial a los alimentos procesados. Entre ellos existen algunos muy fácilmente reconocibles, como son las galletas, pasteles, bollería, refrescos, gominolas, etc. Sin embargo, existen otros que también incorporan azúcar, más difíciles de reconocer, como algunas salsas, platos precocinados, yogures de sabores, cafés en cápsulas, etc. Te dejo un enlace donde podrás consultar de forma rápida, sencilla, y sobre todo, muy visual, la cantidad de azúcar que contienen distintos alimentos procesados.

 

Para tratar de dar solución a este problema, como bien dices, han surgido distintas alternativas al azúcar blanco de mesa habitual.

 

Por un lado, tenemos aquellos productos que aportan su sabor dulce a partir de azúcares simples de absorción rápida. En este grupo encontramos el azúcar moreno, de caña, la miel, los siropes, o la panela, entre otros muchos. A pesar de que existen diferencias entre ellos, tanto en cantidad de azúcares como en otros nutrientes, su aporte de azúcares sigue siendo muy elevado; por lo que no se consideran una alternativa idónea de sustitución. Si la cantidad de azúcar total que consumes es baja, puedes combinarlos como más te guste; si en cambio es elevada, habría que disminuir el consumo de todos ellos.

 

Por el otro lado, encontramos aquellos edulcorantes a calóricos o de bajo aporte energético, como son la Svevia, espartano, sacarina, polialcoholes, y un largo etc. Como en el grupo anterior, también existen diferencias considerables entre ellos, aunque vamos a tratar de dar una visión global de su uso.

 

Partimos de la premisa de que la EFSA (Europea Wood Safety Authority) los cataloga como seguros, en las cantidades de adición y consumo actuales. Sin embargo, no está tan claro de que realmente sean la solución más eficaz al problema del azúcar.

 

En relación a su efecto sobre la obesidad, existe una discrepancia en función del tipo de estudio analizado 1. Mientras que los estudios observacionales, es decir, aquellos a partir de los cuales únicamente podemos extraer datos de correlación entre variables, suelen obtener resultados negativos para los edulcorantes; mostrando una correlación positiva entre aquellas personas más obesas y un mayor consumo de edulcorantes acalóricos 2. Por el contrario, los estudios de intervención, mejor diseñados, y que nos permiten extraer datos de causalidad; no encuentran dicha asociación, o incluso observan ligeras mejoras (1,35-0,8 Kg perdidos) 3,4. Esto puede explicarse a partir de distintos factores de confusión; y entre ellos, que las personas con obesidad, más preocupadas por su peso, consumen una mayor cantidad de este tipo de edulcorantes por su posible efecto. Sin embargo, la obesidad es un fenómeno complejo que no se elimina únicamente con este cambio, sino con una remodelación completa de los hábitos, que en la mayoría de los casos no se realiza. Por consiguiente, a día de hoy, los edulcorantes acalóricos no parecen una solución única y eficaz para el control de la obesidad, ya que los resultados positivos encontrados en los estudios de intervención son relativamente pequeños.

 

Por otro lado, el efecto que algunos autores proponen sobre su influencia a nivel hormonal, y por consiguiente sobre el apetito, queda todavía inconcluso. A pesar de que en algunos estudios se observan ligeros aumentos de GLP-1 e insulina tras el consumo de edulcorantes acalóricos, no es así en todos los casos. En cualquier caso, los cambios parecen poco relevantes. 5,6,7,8,9

 

De igual modo, la posible afección que estos edulcorantes pueden ejercer sobre nuestra microbiota intestinal se basa en estudios en animales, y escasos en humanos, por lo que las conclusiones son poco robustas hoy en día. 10

 

En último lugar, algunos autores también han propuesto que las bebidas azucaradas y los edulcorantes acalóricos podrían activar distintas zonas cerebrales asociadas a la recompensa y el placer. Sugiriendo que podrían incluso dar lugar a adicciones 11,12 y desregular el sistema de control de energía-ingesta en nuestro cuerpo. 13,14,15,16

 

En resumen, en las cantidades y dosis que se consumen actualmente son seguros, y generalmente asociadas a un consumo “ocasional”. Sin embargo, el escaso beneficio que se obtiene en relación al peso, no justifica su uso continuado. Por otro lado, son muchos los expertos y asociaciones que recomiendan limitar el consumo, tanto de bebidas azucaradas como con edulcorantes acalóricos 17. Tal como advierte la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria (ANSES), no es posible descartar por completo ciertos riesgos en caso de un consumo regular y prolongado 18,19. Su uso puede ser útil en las primeras etapas de deshabituación a la reducción del azúcar, pero no como solución a largo plazo. Utilizarlos para reducir progresivamente la tentación por el azúcar, o como bebida de festivo ocasional, parecen los usos más sensatos; pero no como un sustitutivo al agua, independientemente de que no contengan calorías.

 

Un saludo.

Javier Tenas, Dietista-Nutricionista.

 

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