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Intolerancia a la lactosa (II): Diagnóstico y Tratamiento.

En el post anterior, explicamos qué era la lactosa, la intolerancia a la misma, y la gravedad y prevalencia que tenía en la población. Con esos conceptos claros, hoy vamos a abordar su diagnóstico, y tratamiento dietético.

 

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

 

Para cualquier problema relacionado con tu salud, es imprescindible consultar con tu médico, y éste caso no es una excepción. Por tanto, el primer paso es acudir a tu médico de cabecera, y que en todo caso, él te derive al gastroenterólogo.

 

Algunas de las pruebas más utilizadas para diagnosticar este tipo de intolerancia son:

 

  • Test de tolerancia a la lactosa: Se consume una cierta cantidad de lactosa (50g), y se mide la glucemia (azúcar en sangre) cada 30 minutos, hasta 2 horas. Si la lactosa se digiere y absorbe (no intolerancia), habrá cambios en la glucemia, si no, no. Sin embargo, esta prueba es bastante inespecífica.
  • Test de hidrógeno espirado: Es quizá el más utilizado. Se basa en la fermentación que hacen las bacterias intestinales con la lactosa. Si la lactosa no se digiere y ni absorbe (intolerante), las bacterias intestinales la fermentan, generando entre otros compuestos, una cantidad considerable de hidrógeno libre. Parte de este hidrógeno pasa a sangre, y posteriormente se expulsa por las vías respiratorias. La prueba consiste en administrar lactosa, y controlar el hidrógeno espirado; si aumenta por encima de la normalidad, la prueba es positiva.
  • Acidez en heces: Los ácidos generados por la fermentación de la lactosa se expulsan por las heces, pudiendo medirse. Muy poco frecuente.
  • Test genéticos: Algunos test genéticos sirven para identificar la presencia de algunos polimorfismos (C/T 13910 y G/A 22018, del gen MCM6) asociados a la actividad de la lactasa. Únicamente útil cuando hablamos de intolerancia primaria.
  • Biopsia: Test invasivo que se utiliza para valorar la actividad enzimática de la mucosa intestinal.

 

 

TRATAMIENTO DIETÉTICO:

 

El tratamiento dietético es un tratamiento de exclusión, y que debido a las diferentes tolerancias individuales, en muchos casos se realiza a modo de prueba-error. Como hemos comentado anteriormente, muchos intolerantes pueden consumir ciertas cantidades de lactosa sin presentar síntomas, y por consiguiente, se puede adaptar el consumo de estos productos a cada persona.

 

En el caso de intolerancia secundaria debida a otra patología, el primer paso es identificar ese problema y tratarlo.

 

Los alimentos que pueden contener lactosa:

 

  • Leche: El contenido de lactosa de la leche de los distintos mamíferos rumiantes (vaca, oveja, cabra, búfala, etc.) varía ligeramente según la especie, pero suele mantenerse bastante constante alrededor del 4%. La leche humana por el contrario, posee hasta un 9%. Como la lactosa es un compuesto hidrosoluble, las variaciones en materia grasa no afectan a su concentración. Por ello, la leche entera, semi y desnatada, tienen cantidades similares de lactosa.
  • Yogur: A pesar de que se produce a partir de leche, las bacterias utilizadas para su elaboración también son capaces de romper la lactosa, por lo que la cantidad final es menor que en la leche. Muchos intolerantes pueden consumirlo sin problemas.
  • Quesos: De forma similar al yogur, durante el proceso de maduración del queso, las bacterias rompen la lactosa por nosotros. Por tanto, los quesos más madurados tendrán un menor contenido en lactosa que los frescos.
  • Mantequilla/Nata: La lactosa, al tratarse de una molécula hidrosuloble, debería ser bastante limitada en estos productos de predominancia grasa. La mayor parte de ella se elimina durante el procesado, aunque hay que atender que no se añadan otros sólidos lácteos en su elaboración (mirar etiquetado).
  • Helados: Algunos de estos productos, además de leche, incorporan sólidos lácteos para su elaboración, por lo que habrá que comprobar su composición de forma individual, y evaluar la tolerancia individual.
  • Otros: Todos aquellos alimentos procesados que contengan leche o sólidos lácteos deben de tenerse en cuenta, ya sea cremas, purés, salsas, bollería, preparados cárnicos, panes, suplementos proteicos, y un largo etcétera. La lactosa además puede incluirse como aditivo. Es imprescindible consultar la etiqueta de los productos procesados.

 

En la actualidad, la legislación obliga a identificar de forma visible, todos aquellos productos que contengas leche y sus derivados (incluida lactosa).

 

 

CURIOSIDADES:

 

  • La leche sin lactosa no aporta ningún tipo de beneficio extra a las personas con una buena tolerancia a la lactosa.
  • La actividad de la lactasa disminuye de forma fisiológica (normal) con la edad, aunque es más acusado en aquellas personas que consumen menos lácteos y derivados. Es decir, si tomas leche de forma diaria, es más probable que tu actividad de lactasa se mantenga estable durante más tiempo, y no tengas problemas para digerirla.
  • La baja ingesta de calcio que se asocia a un bajo consumo de leche, normalmente puede suplirse con facilidad a través de otros alimentos. Existen algunas especias con un alto contenido en calcio, como el tomillo, el eneldo, la canela o el comino; sin olvidarnos de algunos pescados, principalmente aquellos que se pueden consumir con espinas; algunos frutos secos como almendras o avellanas, e incluso vegetales, como la familia de las coles.

Dietista-Nutricionista

Javier TENAS GONZALVO

 

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